En primavera, el organismo experimenta un cambio natural impulsado por una mayor luz solar, lo que podría afectar al sueño, niveles de energía y la predisposición a adoptar hábitos saludables. Florencia Braga, Dietista -Nutricionista y gerente sénior de Asuntos Científicos para EMEA en Herbalife, da las claves para entender por qué el cuerpo tiende a cambiar de manera natural en esta época del año y ofrece consejos prácticos para acompañar este proceso de forma saludable y sin sacrificios innecesarios

No es solo una cuestión de motivación. El cambio de estación activa una respuesta biológica real en el organismo. Tras meses de menor exposición a la luz solar, temperaturas más bajas y rutinas sedentarias, la llegada de la primavera desencadena ajustes en el ritmo circadiano, la regulación hormonal y el metabolismo energético. En este contexto, Florencia Braga, Dietista -Nutricionista gerente y sénior de Asuntos Científicos para EMEA en Herbalife, da las claves para entender por qué el cuerpo tiende de forma natural a cambiar en esta época del año y ofrece consejos prácticos para acompañar este proceso de forma saludable y sin sacrificios innecesarios.

Durante el invierno, la reducción de la luz natural puede alterar la producción de melatonina y serotonina, hormonas directamente relacionadas con el sueño, el estado de ánimo y el metabolismo energético. Este desequilibrio, junto con una menor síntesis cutánea de vitamina D, puede contribuir en algunas personas a una mayor sensación de fatiga, menor actividad física y cambios en los patrones alimentarios hacia opciones más calóricas.

Con la llegada de la primavera, el aumento de la radiación solar y de las horas de luz (por ejemplo, a través de cambios en los niveles de hormonas corporales y vitamina D) puede contribuir a normalizar estos procesos fisiológicos, lo que se traduce en una potencial mayor activación del organismo, mejor calidad de sueño y mayor predisposición al movimiento y elecciones alimentarias más ligeras.

«Más allá de los cambios fisiológicos, la primavera también representa una oportunidad para «reiniciar» y redefinir la relación con los hábitos», comenta Florencia Braga. «Es un buen momento para centrarnos en introducir mejoras realistas en alimentación y actividad física que nos permitan construir una base sólida de bienestar a largo plazo».

El cuerpo pide movimiento y la biología tiene la explicación
El incremento de la práctica de ejercicio durante la primavera no es casual. Estudios epidemiológicos y fisiológicos indican que este comportamiento podría estar relacionado con la liberación de hormonas como la serotonina y la dopamina, asociadas con la exposición solar y la temperatura ambiental, ajustes en los ritmos circadianos y la regulación de factores metabólicos. 

La exposición prolongada a la luz diurna incrementa la producción de serotonina y modula la liberación de melatonina, lo que podría afectaren la calidad del sueño, los niveles de fatiga y posiblemente en el incremento de la energía disponible para la actividad física. Además, la luz solar regula la secreción de cortisol que influiría en la motivación y la predisposición a moverse. En opinión de Florencia Braga, «cuando los ritmos biológicos y el entorno se sincronizan, la adopción de hábitos activos puede volverse más eficiente. La primavera ofrece condiciones fisiológicas para incrementar la actividad física, siempre de forma gradual y priorizando la constancia sobre la intensidad». 

Pequeñas dosis de actividad diaria (largos paseos, subir escaleras o breves sesiones de ejercicio en los parques), generan efectos acumulativos relevantes sobre la salud cardiovascular, el estado de ánimo y la energía. Además, investigaciones recientes sugieren que estos incrementos moderados pueden incrementar el gasto energético, así como también mejorar la salud metabólica y la función muscular , lo que refuerza el beneficio de aprovechar la «ventana biológica» de la primavera.

Optimiza la ingesta de alimentos en primavera 
Con la llegada de la nueva estación, el cuerpo ajusta su metabolismo y suele demandar alimentos más frescos y ligeros, adaptándose a las nuevas condiciones ambientales. Es posible que la combinación de mayor luz solar, temperaturas suaves y actividad física influya en la preferencia por alimentos con menor densidad calórica después del invierno. 

Uno de los nutrientes críticos en esta transición es la vitamina D, cuya síntesis cutánea disminuye durante los meses de menor luz solar. Esta vitamina participa en la homeostasis del calcio y fósforo, regula la función inmune y contribuye al mantenimiento de la masa muscular. Niveles insuficientes se asocian con fatiga, debilidad muscular y mayor riesgo de infecciones. Exponerse al sol de manera segura y consumir alimentos ricos en vitamina D, como pescados grasos, huevos y lácteos, ayuda a restablecer este equilibrio fisiológico en el caso de que los niveles hayan sido bajos durante el invierno.

Otros micronutrientes esenciales incluyen el magnesio, el potasio y las vitaminas del grupo B, que intervienen en la contracción muscular, la función nerviosa, la regulación de la presión arterial y la producción de energía celular. Incorporar verduras de temporada, frutas frescas y cereales integrales asegura un aporte adecuado de estos nutrientes y también de antioxidantes.

Comenzar con pequeños ajustes, como incluir snacks saludables entre las comidas, aumentar la ingesta de agua y actividad física y planificar comidas ricas en micronutrientes, generan un efecto acumulativo positivo sobre el metabolismo, la vitalidad y la capacidad de mantener hábitos saludables a largo plazo.

Hidratación estratégica: clave para el rendimiento y la recuperación
El progresivo incremento de las temperaturas y la práctica de actividad física elevan de manera natural la demanda hídrica del organismo. La deshidratación, incluso leve, puede afectar a los procesos metabólicos, la función muscular y posiblemente en la capacidad de concentración, además de aumentar la sensación de fatiga y reducir el rendimiento físico. 

El agua no solo es esencial para mantener la homeostasis, sino que también interviene en procesos metabólicos clave. Una hidratación adecuada optimiza la contracción muscular y favorece la recuperación post-ejercicio. 

Además del agua, el consumo de líquidos con electrolitos, como el sodio, puede ayudar a compensar la pérdida de minerales a través del sudor, manteniendo el equilibrio osmótico y la función neuromuscular. Déficits líquidos, aunque no sean muy pronunciados, pueden disminuir la resistencia y posiblemente la capacidad cognitiva como la atención, lo que refuerza la importancia de una hidratación estratégica durante la transición estacional.

«Incorporar hábitos simples, como beber agua regularmente a lo largo del día, incluir líquidos ricos en electrolitos, durante y después del ejercicio y priorizar alimentos con alto contenido hídrico como frutas y verduras, puede marcar la diferencia en el rendimiento físico, la concentración y la sensación general de bienestar», recomienda Florencia Braga.

Suplementación inteligente
La suplementación estratégica puede desempeñar un papel relevante en la transición estacional, especialmente cuando la alimentación o el estilo de vida no permite cubrir completamente las necesidades nutricionales. Factores como una baja exposición solar, dietas restrictivas o un incremento de la demanda física por una mayor actividad pueden favorecer desequilibrios en micronutrientes clave.

En este contexto, los suplementos de vitamina D, magnesio o fórmulas multivitamínicas pueden contribuir a mantener niveles adecuados de estos nutrientes, favoreciendo funciones esenciales como la producción de energía celular, la contracción muscular, la regulación del sistema inmunitario y el equilibrio neuromuscular. Una suplementación bien planificada puede ayudar a corregir déficits subclínicos que, aunque no siempre evidentes, pueden afectar a la fatiga, el rendimiento físico y el bienestar general.

«En periodos de mayor actividad o cambios de rutina, como ocurre en primavera, el organismo puede necesitar un soporte adicional para adaptarse a nuevas demandas metabólicas «, indica Florencia Braga. «En este contexto, optimizar la ingesta de micronutrientes a través de la suplementación cuando la alimentación no es suficiente, puede mejorar la capacidad de adaptación del organismo a los cambios estacionales siempre desde un enfoque individualizado y ajustado a las necesidades reales».